Una sensación pendiente

Noche, la media luna brilla junto con miles estrellas. Como de costumbre me senté en mi acantilado, observando más allá del mar sin saber lo que pasará en el siguiente amanecer. Mi alma, como las olas golpeando bruscamente entre las rocas, ardía con pasión, pero sin destino ninguno.

De repente, una estrella fugaz cayó del cielo trazando como una flecha a esa áurea luna, para tintar ese oscurecido cielo lleno de estrellas. No lo sé dónde va a parar, ¿y ella sabe hacia dónde encaminarse? En teoria, como la tradición, tenía la oportunidad de pedir un deseo a su paso, la perdió por culpa de suponer tanto el destino de ese astro.

Me paré a pensar si cayese otra estrella como la anterior, juro que voy a pedir un deseo sin pensar lo que sucedería luego. Sin embargo, el tiempo corre al ritmo de las agujas de mi reloj de muñeca, junto con una orquesta de “tic-tac”, estrella ninguna.

Son las tres de la madrugada, la luna pasó por encima del acantilado y su destino es el otro lado del cielo, las olas golpean aún con más violencia, yo me sentía como si están moviendo todo el acantilado hacia la dirección donde va esa media luna pero sin éxito ninguno.

Seguí esperando una estrella similar, tenía toda la ilusión y esperanza de dedicar un deseo especial que me inspiró la anterior. La soledad empezó a rodearme, son las cuatro y media de la madrugada, el cielo comenzó a aclararse y tintada de color lila. Finalmente, no pasó otra estrella fugaz igual, por fin, me sentí cansado de esperar toda la noche y el sueño empezó a entrar a mi cerebro como entra la alegría al verte.

¡Espera! – ¿Y si me voy a buscar esa estrella? – Más vale moverse que quedarse quieto en un sitio, así tendría más probabilidad de encontrarla o quizá de ver una nueva. – ¿Y si no la encontrará o no viera una nueva? La contradicción fluye en mi interior, y no salió ninguna solución, sin una decisión definitiva, no me dejaría descansar tranquilamente. ¡Qué locura de ser una persona, demasiado en pensar!

Amanecer, volví a sentarme en el mismo lugar para ver el sol cómo rompe el mar para poder salir de su escenario rutinario. Esta vez, el cielo pasa de color amatista al color anaranjado, gradualmente y la luz radia sin vergüenza deslumbrando mis ojos, yo sin poder observar bien el mar.

Aún no había decidido nada, hasta que me cansé de las contradicciones de mi interior. Decidí sensatamente a moverme de este acantilado. Fue una lástima que la racionalidad no supo superar al sentimiento, recogí mis trastos y marché de allí, el acantilado ya no será mío sino, mis recuerdos.

Advertisements

About Swordsun

Just try to impact the world although nothing can change the world.
This entry was posted in Personal. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s